Hiperémesis gravídica: la afección que produce náuseas y vómitos intensos en el embarazo

Es la manifestación persistente de náuseas y vómitos extremos durante el embarazo. Esto puede conllevar a una pérdida de peso de más del 5%, deshidratación e inestabilidad en los electrolitos.

Es muy común que las embarazadas padezcan un poco de náuseas o vómitos, en especial durante el primer trimestre, sin embargo la hiperémesis gravídica es menos habitual que esto y más riesgosa.

Causas

Aunque hasta se desconocen con exactitud las condiciones que originan esta dolencia, existen algunos factores que se relacionan y aquí te los explicamos:

  • Niveles altos de gonadotropina coriónica humana (HCG): para el óptimo desarrollo del embarazo se requiere de esta hormona, la cual se hace presente en las primeras semanas de la gestación. Un excedente de esta sustancia puede estimular la zona cerebral que controla el vómito, produciéndolo entonces con mayor intensidad.
  • Alteraciones hormonales: no solo la HCG se manifiesta en la gravidez, también existen otras hormonas que incrementan o reducen su participación en el organismo, como por ejemplo los estrógenos, los cuales inciden igualmente en el área del cerebro que controla el vómito.
  • Presión abdominal: en el proceso gestacional tanto el bebé como el útero crecen, movilizando de este modo las vísceras que se encuentran en el interior de la región abdominal. En consecuencia, estas ejercen presión en los jugos gástricos, haciéndolos proclives a subir por el esófago a modo de reflujo ácido o vómito.
  • Bacteria Helicobacter pylori: es un microorganismo que hace aparecer úlceras gástricas. Por los momentos no se tiene información precisa sobre cómo puede incidir en la hiperemesis gravídica, sin embargo entre un 85-90% de las embarazadas que experimentan este trastorno, son portadoras de Helicobacter pylori, por lo que se considera que debe tener algún vínculo con la misma.
  • Aflojamiento del aparato digestivo: debido a la alta presencia de progesterona el músculo liso del cuerpo incrementa su flacidez. Un área significativa de este músculo se localiza en las paredes del tubo digestivo, de forma tal que el aparato se encuentra más relajado, haciendo menos fácil el control total de los esfínteres internos. En tal sentido, el orificio superior del estómago, por ejemplo, el cual se enlaza con el esófago, no posee la fuerza necesaria para impedir el reflujo ácido, siendo más posible que se origine el vómito.
  • Alto consumo de grasas: una dieta rica en grasas saturadas, especialmente las de origen animal, se vincula con un riesgo mayor de sufrir esta enfermedad.
  • Primer embarazo: en este caso existe la hipótesis de que se tiene mayor riesgo en comparación con las mujeres que ya han tenido hijos debido a un probable ajuste del cuerpo en la primera gestación.
  • Embarazo múltiple: este fenómeno hace que las alteraciones hormonales y demás elementos propios del proceso gestacional, sean mayores en la madre, haciéndola más propensa a padecer esta dolencia.
  • Antecedentes familiares: las madres que tienen en su familia casos de hiperémesis gravídica, poseen mayor tendencia a desarrollar esta afección.
  • Sobrepeso: las embarazadas con problemas de obesidad son más proclives a ser afectadas por esta patología, debido no solo a una mayor presión en los órganos abdominales, sino también a posibles causas hormonales y metabólicas.
  • Psicológica: hay quienes sostienen que la hiperémesis gravídica puede motivarse a un rechazo de origen psicológico al embarazo. No obstante, mayormente este rechazo se debe a los fuertes malestares originados por los vómitos. En casos más complejos esta afección puede hasta desembocar en el desarrollo de un cuadro depresivo.

Síntomas

  • Náuseas y vómitos fuertes y constantes
  • Salivación más abundante de lo habitual
  • Pérdida de peso corporal
  • Indicios de deshidratación, como por ejemplo piel reseca, mares, desmayos, fatiga y orina de color oscuro
  • Estreñimiento
  • Dificultad para consumir líquidos y alimentos

Tratamiento

Con frecuencia las náuseas pueden controlarse evitando ingerir los alimentos que las generan. Igualmente, hay que deber abundantes líquidos en los momentos en los que los síntomas cesen, esto con el fin de mantenerse hidratada.

Si llega a sufrir deshidratación e incapacidad para comer, es posible que le administren líquidos y nutrientes por vía intravenosa, además de medicamentos para contrarrestar las náuseas.

En ocasiones es necesario ingresar a la madre a un centro de salud con el propósito de vigilar su estado y evitar riesgos para su vida y la del niño.