Triple screening, una prueba que detecta riesgos de anomalías en el feto

El triple screening o triple test es un análisis de cribado, es decir, que busca descubrir una afección sin que existan signos ni síntomas de la misma. Se lleva a cabo durante el embarazo con la finalidad de hallar potenciales alteraciones genéticas en el bebé.

Esta prueba no resulta invasiva ya que se hace por medio de una muestra de sangre de la futura mamá, no implicando riesgo alguno para ella ni para el feto.

Por medio de este análisis se calcula el índice de riesgo existente con relación a que el niño padezca algunas anomalías cromosómicas como las alteraciones del tubo neural, el Síndrome de Down (trisomía 21) y el Síndrome de Edwards (Trisomía 18), entre otros. No obstante, no constituye un diagnóstico, por lo que no se considera una prueba concluyente.

¿En qué consiste?

Consiste en la obtención de valores bioquímicos procedentes de la muestra sanguínea de la progenitora, los cuales se relacionan con datos derivados del cálculo de la traslucencia nucal o pliegue nucal del bebé, arrojada por ecografía. Esto se examina con base a datos demográficos de la madre, tales como: edad, enfermedades crónicas y genéticas que padece, peso, raza, si es fumadora, entre otros elementos, obteniéndose un algoritmo de que determina las probabilidades que existen de que el bebé presente una alteración genética.

En los casos en los que el riesgo es superior a 1 entre 270, léase 1/270 o 1:270, es decir, cuando el valor resulta inferior a 270, se aconseja llevar a cabo pruebas más rigurosas y precisas como una biopsia corial o una amniocentesis, con el fin de confirmar o descartar el riesgo.

Los especialistas afirman que en madres de menos de 35 años, revela el 60% de los casos de Síndrome de Down y entre el 75% y el 85% de las anomalías del tubo neural. En futuras mamás con edades superiores a los 35 años detecta el 75% de los casos de Síndrome de Down y de las alteraciones del tubo neural.

Esta prueba se emplea también para determinar embarazos múltiples y embarazos que tienen mayor o menor avance del que se cree.

¿A quiénes se les realiza?

Se le puede aplicar a todas las embarazadas y aunque la población prioritaria son las madres con riesgo bajo de tener un bebé con alteraciones cromosómicas, también se le hace a mujeres con altos factores de riesgo tales como:

  • Edad superior a los 35 años
  • Embarazos previos con irregularidades en los cromosomas
  • Antecedentes familiares de Síndrome de Down en la familia
  • Haber tenido abortos de repetición (dos o más pérdidas espontáneas de embarazos, previo a la semana 20)
  • Haber dado a luz niños con malformaciones de tipo congénitas y sin causas determinadas
  • Madres expuestas a niveles altos de radiación ionizante

¿Cuándo se lleva a cabo?

Se hace durante el primer trimestre de gestación. Específicamente, entre las semanas 10 y 13 del embarazo.

Este análisis tiene una precisión de entre el 86% y el 90% de aciertos. Existen casos en los que se aplica al comienzo del segundo trimestre de gestación, entre la semana 15 y la semana 18. Inclusive, esta prueba de cribado puede realizarse hasta la semana 20 del embarazo, pero de este modo resulta menos precisa.

¿Cómo se interpreta?

Los valores que arroja se enuncian en MoM. Se estiman como normales aquellos ubicados entre los 0,5 y 2,5 MoM.

El valor normal de los distintos marcadores es de 1 MoM, por lo que entre más lejos de 1 MoM se encuentre el resultado, menos bueno será.

Se considera como sospechoso un marcador cuando los valores que presenta son:

  • TN (traslucencia nucal): superior a 1,8 o 2
  • Inhibina A: superior a 2,5
  • PAPP-A (proteina plasmática A asociada al embarazo): inferior a 0,4
  • uE3: inferior a 0,5
  • Beta hCG libre o hCG (hormona gonadotropina humana): inferior a 0,4 o superior a 2,5
  • AFP (alfafetoproteína): inferior a 0,4 o superior a 2,5

¿Qué hacer si arroja un resultado negativo?

Es importante guardar calma mientras se realizan pruebas que ofrezcan un diagnóstico concluyente y buscar acompañamiento psicológico de ser necesario.

Además, debe tenerse en cuenta que el triple screening proyecta un 5% de falsos positivos, por lo que de cada cien futuras madres con un feto sin cromosomopatías, cinco obtienen resultados alterados.